Foto cortesía de Sopitas.com

La octava edición del Corona Capital llegó este fin de semana a la Ciudad de México. En esta edición el precio de los boletos (sábado y domingo) costaban desde mil seiscientos (si se compraban en la primera etapa) o de último minuto podían llegar a costar de dos mil seiscientos o hasta tres mil pesos en reventa. Es por esto que este Corona Capital decidí intentar doscientos pesos. Lo crean o no, lo logré.

Llegué alrededor de las cuatro de la tarde, lo que implicó menos cerveza. Llegamos al Corona Capital y decidí compartir la primera cerveza con una amiga, para que ella invitara la segunda. Fuimos a comer porque no habíamos comido nada, yo dije que había comido en mi casa (MENTIRA) para no comprar y no gastar más de lo debido. Cuando todos tuvieron su comida caminamos para ver a Angel Olsen y comer ahí. Para robarles un poco de su comida les decía, “A ver a qué sabe” o “Esta bueno, pero no te sabe a que tiene una especie rara, a ver dame otra mordida para ver si es comino”. La verdad es que quedé bastante bien de probaditas, pues era un grupo de siete personas y todos me dieron un poco de su comida. Aquí mi amiga ya tenía una nueva cerveza que compartimos, pero como estaba comiendo le dije que yo sostenía la cerveza para que ella comiera a gusto, me terminé casi toda.  Ya más en la noche, cuando mi amiga ya estaba un poco tomada le recordé que me debía una cerveza, ella no lo dudó ni tantito, esta vez no compartimos, compro una para ella y otra para mi. Hasta aquí me quedaban cien pesos, la mitad de mi presupuesto, ya había compartido dos chelas, me habían regalado una y había comido de todo un poco.

En un momento de la noche del sábado perdí a mis amigos en el concierto de Metronomy. Estaba atascado de personas e incluso el grupo inglés se mostró sorprendido pues hace un par de años atrás estuvieron en el festival pero en la Levis Tent y este año estuvieron en uno de los escenarios grandes, Doritos. El dilema aquí era, comprar una cerveza para mi y gastar todo mi dinero o pedirle a alguien una cerveza. Encontré a un grupo de cuatro adolescentes, lo que hice fue ponerme atrás de ellas y empezar a llorar, primero me ignoraron pero después les fue imposible, no podían moverse pues había mucha gente. Cuando me preguntaron si estaba bien les dije que había perdido a mis amigos y que estaba muy triste por haber cortado con mi novio de cuatro años unos días atrás y que una canción de Metronomy era “nuestra canción” (MENTIRA). Después de platicar un poco con ellas e invitarles mi situación de corazón dolido me invitaron un mezcal para las penas “Para todo mal mezcal y para todo bien también”.

Por suerte mis amigos y yo teníamos un punto de encuentro y fue fácil encontrarnos de nuevo. Cuando estábamos caminando un grupo de personas me paro y me pidieron tomarles una foto. Accedí pero con una condición, una foto por cinco pesos y si querían muchas el “photoshoot” les salía en veinte pesos. Pensé que se se iban a negar, pero no lo hicieron. Me dieron mis veintitrés pesos porque quién sea que los haya contado contó mal. En lo que esperábamos a que saliera Elbow un amigo decidió comprar unas palomitas, yo ya tenía un poco de hambre entonces le dije “haber a que saben” y me las dió, justo porque le entró una llamada de unos amigos que estaba buscando. Cuando llegaron sus amigos no se dio cuenta que ya me las había terminado todas y no había nada, puse el bote vacío en el piso y no dije nada al respecto. Para este entonces tenía ciento veintitrés pesos, había tomado tres chelas, comida, un mezcal y  casi todas las palomitas.

Tuvimos que perder nuestro lugar de Elbow para ir al baño, cuando regresamos era imposible tener un buen lugar en Foo Fighters, por lo que empezamos a meternos lo más que podíamos entre la gente. Yo iba hasta el final de la cola de mis amigos y me di cuenta que había un grupo de tres personas que nos estaban siguiendo para meterse, les dije que  los podíamos llevar lo más al frente pero que les cobraba 100 pesos, les dio pena y no nos siguieron más. Otro otro grupo comenzó a seguirnos, y les dije que les cobraba ochenta pesos por llevarlos lo más adelante posible, me regatearon a cincuenta y accedí. Ahora tenía ahora ciento setenta y tres pesos por lo que en Foo Fighters me pude comprar dos chelas, pues le pedí a un amigo que me acompletara para la segunda. Caminando a la salida nos encontramos un puesto de esquites, solo un amigo y yo queríamos y por caballero me invitó los míos. Al final no estuvo tan mal, tomé cinco chelas, un mezcal, comí de todo un poco, palomitas y esquites.